
En la final disputada en Rabat, Senegal obtuvo la victoria por 1-0 en la prórroga, consolidando su segundo título continental. Sin embargo, lo que debía ser una celebración deportiva se convirtió en una polémica en Marruecos. En los últimos minutos del tiempo reglamentario, un gol de Senegal fue anulado por el árbitro, lo que desató protestas de jugadores y aficionados. Poco después, el árbitro concedió un penalti a favor de Marruecos sobre una decisión que muchos analistas consideraron muy discutible. Esto llevó al entrenador de Senegal, Pape Thiaw, a ordenar temporalmente a su equipo abandonar el campo en un acto de protesta, por la dignidad de los jugadores y el equipo.
Tras varios minutos de tensión, los jugadores retornaron al terreno de juego y Senegal acabó anotando el gol decisivo en la prórroga.
La organización de la Copa Africana en Marruecos estaba pensada como un escaparate para reforzar la posición del país como centro del deporte africano y para apoyar su candidatura a la Copa del Mundo 2030. Sin embargo, estas aspiraciones se han visto empañadas por las controversias arbitrales en el fútbol y por debates más amplios sobre la política interna y exterior del reino alauí de Marruecos.
Más allá del fútbol, Marruecos es necesario recordar su ocupación militar del Sahara Occidental, una región que sigue colonizanda por España. Personas y organizaciones saharauis e internacionales han documentado arrestos arbitrarios, as*sinatos, violencia, desapariciones y otras violaciones de derechos humanos dirigidas a la población saharaui en territorio ocupado.
Además, Marruecos ha aumentado sus intercambios comerciales con el Estado genocida de Israel desde la normalización de relaciones en 2020 bajo los Acuerdos de Abraham. En determinados momentos se registraron aumentos del comercio bilateral por encima del 150 % en comparaciones interanuales de períodos específicos de 2023 tras el restablecimiento de los vínculos diplomáticos. Una tendencia de crecimiento en las relaciones económicas entre Rabat y Tel Aviv pese a la amplia condena internacional por el genocidio en Palestina perpertrado por el Estado genocida de Israel.
En el plano de la política migratoria, Marruecos juega un papel clave como país de tránsito de África a Europa y socio en los acuerdos europeos para cumplir sus políticas, que condenan a miles de personas africanas migrantes a morir. Estos acuerdos han convertido a las fronteras marroquíes en zonas de vigilancia y represión que han costado vidas y sufrimiento a personas migrantes negro-africanas
En Melilla en junio de 2022, decenas de personas negroafricanas murieron asesinadas al intentar cruzar hacia territorio europeo, a menudo en circunstancias que organizaciones como Human Rights Watch han catalogado de “violencias horribles” con participación de fuerzas marroquíes y españolas. Al menos 100 personas murieron en ese episodio, según informes independientes.
Reportes de grupos de derechos humanos y análisis críticos describen racismo estructural y violencia regular contra personas negras oscuras (negrofobia), tanto en contextos frontera como dentro de Marruecos, en muchos casos relacionados con la aplicación de políticas migratorias que externalizan las fronteras europeas.
En 2025, también se documentaron casos en los que personas migrantes fallecieron por exposición al frío en zonas fronterizas con Argelia, subrayando las peligrosas rutas que muchos deben tomar.
Estos hechos alimentan el debate sobre cómo Marruecos, al tiempo que obtiene ingresos y apoyo político de su colaboración con las necropolíticas de la UE, viola sistemáticamente los derechos de las poblaciones más vulnerables, es un Estado imperialista que ocupa el Sáhara Occidental, y de negarse a abordar el racismo y la desigualdad dentro de su sociedad y en sus políticas fronterizas.
El fútbol es político. Para muchas personas en África y la diáspora, especialmente en África Occidental, Sur y Central, la victoria de Senegal simboliza algo más que un título: representa un gesto de resistencia y orgullo continental frente a situaciones de represión y desigualdad dentro del fútbol, y frente a gobiernos e instituciones que, favorecen intereses geopolíticos más amplios. El triunfo senegalés ha sido ampliamente celebrado en el continente, donde se ve como un momento de reafirmación del espíritu panafricanista y de lucha por la dignidad más allá del campo.
Una nota de Quinndy Akeju