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‘Tus minerales o la vida de tu gente’- Estados Unidos condiciona el tratamiento del VIH en Zambia al acceso a sus recursos naturales, y Zambia rechaza el chantaje

El gobierno de Trump vinculó explícitamente la financiación del programa PEPFAR que sostiene el tratamiento antirretroviral de 1,3 millones de personas a la firma de un acuerdo que otorga prioridad a empresas estadounidenses sobre el cobre, litio y cobalto zambianos. Un documento filtrado del Departamento de Estado lo dejó por escrito: "Solo aseguraremos nuestras prioridades demostrando disposición a retirar el apoyo a Zambia a gran escala."

Hay frases que merecen leerse con toda la atención posible. Un borrador de memorando interno del Departamento de Estado estadounidense, obtenido por el New York Times, incluía el siguiente chantaje: "Sólo aseguraremos nuestras prioridades demostrando disposición a retirar públicamente el apoyo a Zambia a gran escala."  

El apoyo del que habla ese memorando es el tratamiento antirretroviral para 1,3 millones de personas que viven con VIH en uno de los países con mayor prevalencia del virus en el mundo. La palanca que Estados Unidos amenazaba con accionar: el cobre, el litio y el cobalto zambiano.

Esto ocurrió en abril de 2026, en pleno siglo XXI, con un país africano al que se le planteó una elección que en realidad era un chantaje: sus recursos naturales o la vida de su gente.

El 25 de abril de 2026, el New York Times informó de que las negociaciones del Departamento de Estado con Zambia incluían vincular el apoyo al programa del VIH al acceso a los minerales del país. El Departamento de Estado advirtió a Zambia de que, de no firmarse ningún acuerdo antes del 30 de abril, todo el apoyo estadounidense al programa concluiría de forma inmediata.

Zambia es uno de los mayores productores mundiales de cobre, y además cuenta con enormes reservas de litio y cobalto, minerales esenciales para la transición energética verde: la fabricación de vehículos eléctricos y paneles solares. El acuerdo propuesto exige que las empresas estadounidenses obtengan acceso prioritario a estos recursos sobre cualquier competidor extranjero.

Pero el acuerdo va más allá de los minerales. Los negociadores de Washington exigieron también diez años de acceso a los datos sanitarios y genéticos de Zambia, mientras que la financiación ofrecida a cambio cubre únicamente cinco años. Esta asimetría generó alarmas sobre la explotación de información enormemente valiosa para las farmacéuticas en el desarrollo de nuevos medicamentos, sin que Zambia reciba ninguna garantía de participar en los beneficios de los productos desarrollados a partir de sus propios datos.

En términos económicos, el recorte es brutal. Estados Unidos ofrece 320 millones de dólares para todos los programas de salud en Zambia durante 2026, una cifra muy inferior a los 367 millones que destinó el año anterior únicamente al programa de VIH. Además, el presupuesto propuesto está diseñado para reducirse sistemáticamente en años sucesivos.

La historia de PEPFAR: de programa humanitario a moneda de cambio

El programa PEPFAR (Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA) es un programa ampliamente bipartidista creado en 2003 bajo el presidente George W. Bush, al que el Departamento de Estado estadounidense atribuye haber salvado 26 millones de vidas, principalmente en países africanos de bajos ingresos.

Durante más de dos décadas, PEPFAR financió aproximadamente el 80% de la estrategia nacional de Zambia para combatir la epidemia. Era la columna vertebral del sistema sanitario del país. La administración Trump lo convirtió en una palanca de negociación.

El enfoque de la administración Trump reemplaza décadas de cooperación articulada a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —hoy desmantelada— y el propio PEPFAR. En su lugar, funcionarios estadounidenses están negociando acuerdos país por país que redefinen la ayuda como una transacción colonial, vinculando la financiación a condiciones que incluyen disposiciones comerciales, compromisos de financiación doméstica, vigilancia de enfermedades, intercambio de patógenos e incluso religión.

Ghana rechazó la semana pasada un acuerdo propuesto por las disposiciones que otorgaban acceso amplio a datos sanitarios sensibles sin salvaguardas. Zambia llevaba resistiendo desde finales de 2025, cuando abandonó la mesa de negociación por primera vez ante las condiciones impuestas.

El 5 de mayo, la tensión llegó al espacio público. El ministro de Asuntos Exteriores de Zambia, Mulambo Haimbe, denunció que Estados Unidos vinculaba un acuerdo de asistencia sanitaria de 2.000 millones de dólares al acceso a los ricos activos minerales del país, calificando las declaraciones del embajador saliente de Estados Unidos como "malintencionadas" e "indiplomáticas."

Los comentarios de Haimbe sacaron a la luz tensiones latentes sobre la estrategia "América Primero" del presidente Trump, que está reconfigurando la ayuda a África como acuerdos transaccionales. Algunos líderes africanos y expertos en salud criticaron la postura colonial estadounidense y sus exigencias de datos sanitarios sensibles a cambio del apoyo a sistemas de salud ya muy tensionados por el desmantelamiento de la ayuda exterior de la administración Trump.

Lo que está ocurriendo con Zambia tiene nombre y contexto histórico. El colonialismo clásico extraía recursos mediante la fuerza militar y la ocupación. El neocolonialismo lo hace a través de la deuda, los tratados desiguales y, en este caso, algo todavía más directo: la amenaza de dejar morir a la población de un país si su gobierno se niega a ceder el control de su subsuelo.

Según los críticos del sistema, algunos acuerdos también promueven intereses comerciales y políticos estadounidenses, difuminando la línea entre la ayuda y la diplomacia transaccional. "Cuando la salud se convierte en una moneda de cambio, todo el mundo acaba siendo menos seguro", advirtió Russell, de Health GAP.

La transparencia, uno de los pilares del éxito histórico de PEPFAR, desapareció del nuevo modelo. "El secretismo está en el centro de todo esto. Eso pone en riesgo la rendición de cuentas sobre los resultados. Es imposible evaluar estos acuerdos correctamente sin acceso a los términos completos", señaló Russell.

El contexto geopolítico que Washington invoca para justificar su postura incluye la competencia con China en el continente africano. El gobierno estadounidense afirma que el enfoque busca reducir la dependencia de los donantes, promover la autonomía local y proteger los intereses estadounidenses, incluso frente a una China agresiva que domina el comercio en África pero contribuye menos en ayuda.

Traducido sin eufemismos: Estados Unidos exige los minerales del sur de África para competir con China en la carrera por la energía verde, y utiliza la salud de las personas africanas como moneda de cambio para lograrlo.

El número al que hay que volver siempre es 1,3 millones. Esas son las personas en Zambia que dependen del tratamiento antirretroviral para seguir vivas. Personas para las que el VIH pasó de ser una condena de muerte a una enfermedad crónica y manejable gracias, en gran medida, a PEPFAR.

El acuerdo que Washington puso sobre la mesa convierte sus vidas en una variable de negociación en una disputa minera. Eso tiene un nombre: extorsión colonial.

Una nota de Quinndy Akeju

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