
El presidente del Consejo de Togo, Faure Gnassingbé, anunció que quitaría la necesidad de visado para todas las personas con pasaporte de algún país africano en la apertura de la tercera edición del Foro de Negocios Biashara Afrika, que Lomé acogía del 18 al 20 de mayo. La medida toma efecto inmediato y refleja, en palabras de las autoridades togolesas, el compromiso del gobierno con el fortalecimiento de la integración regional y la facilitación de la libre circulación de personas y mercancías en África, en línea con la implementación de la Zona de Libre Comercio Continental Africana, la ZLECAf.
Según el comunicado del ministro de Seguridad, Calixte Batossie Madjoulba, la medida se inscribe en la "dinámica de apertura" promovida por Gnassingbé y reafirma su adhesión a los ideales panafricanos.
Bajo la nueva directiva, cualquier persona que sea ciudadana africana con pasaporte nacional válido puede entrar en Togo por estancias de hasta 30 días. La medida aplica en todos los puntos de entrada: aeropuertos, puertos y fronteras terrestres. Los viajeros deben completar una declaración de viaje en línea a través de voyage.gouv.tg al menos 24 horas antes de su llegada, y siguen vigentes los requisitos de seguridad, migración y salud pública en frontera.
Con esta decisión, Togo se convierte en el sexto país africano en conceder acceso sin visado a todos los africanos, uniéndose a Ruanda, Ghana, Benín, Gambia y Seychelles.
Para comprender el peso histórico de este decreto es necesario recordar el origen de las fronteras que hoy separan a los africanos entre sí. En la Conferencia de Berlín de 1884-1885, las potencias europeas se repartieron el continente africano sobre un mapa, trazando líneas rectas que ignoraron por completo la demografía, culturas, etnias, lenguas y rutas comerciales que llevaban siglos funcionando. El objetivo era claro: dividir para dominar, fragmentar para explotar. Esas fronteras artificiales, heredadas con la llamada independencia, se convirtieron en la arquitectura de la desunión continental.
Sobre esa base se construyó el sistema de visados moderno. Las antiguas metrópolis mantuvieron lazos privilegiados con sus excolonias, mientras los países africanos reproducían entre sí la lógica del control y la restricción. El resultado: un africano del siglo XXI que necesita más permisos, más trámites y más dinero para visitar a un hermane del continente que para volar a la capital del país que durante generaciones extrajo sus recursos.
Durante décadas, los pasaportes africanos han encontrado más facilidad para viajar a Europa o América del Norte que para moverse libremente dentro del propio continente. Los largos procedimientos de visado, las costosas tasas y las restricciones burocráticas han limitado el comercio intra-africano, el turismo, la inversión y el intercambio cultural.
El sistema de visados es una fuente de ingresos millonaria para las potencias del Norte Global, y los datos lo documentan con precisión.
En 2023, los estados Schengen generaron 906 millones de dólares procedentes de solicitudes de visado, de los cuales 145 millones provenían de solicitudes rechazadas. Solo ese año, las personas ciudadanas de África pagaron 61 millones de dólares en tasas por solicitudes que terminaron en denegación.
En 2024, cerca de 2,6 millones de africanos solicitaron visados Schengen, con más de 700.000 solicitudes rechazadas. Los 55 países africanos perdieron en total 68 millones de dólares en tasas de visado denegadas, lo que representa el 41% de todos los fondos que Europa recaudó por rechazos ese año.
Las cifras por países muestran la magnitud del impacto: Nigeria sola perdió más de 4,5 millones de euros, ya que casi la mitad de todas sus solicitudes Schengen fueron rechazadas. Ghana perdió 2,4 millones de dólares, Kenia 1,8 millones, Sudáfrica 1,1 millones y Uganda 620.000 dólares.
La clave del sistema es su estructura: cada solicitud de visado Schengen cuesta 90 euros, independientemente del resultado. Esta tasa es no reembolsable, incluso cuando la solicitud es rechazada, a menudo sin explicación detallada.
Las personas solicitantes africanas tienen ocho veces más probabilidades de ser rechazadas que las personas solicitantes asiáticas. Las tasas de rechazo promedian entre el 35 y el 54% para solicitantes en la zona Schengen, el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos; gran parte de ese dinero acaba como donación involuntaria a las embajadas extranjeras.
La organización de investigación LAGO Collective, que monitorea los datos de visados europeos desde 2022, concluye en su análisis que "los países más pobres del mundo pagan a los países más ricos del mundo por no recibir visados".
El obstáculo de los visados se combina con una segunda barrera estructural que convierte el movimiento entre países africanos en un ejercicio de obstáculos: la aviación.
Los vuelos intra-africanos se encuentran entre los más caros del mundo. A pesar de albergar al 18% de la población mundial, África representa apenas el 2% del tráfico aéreo global de pasajeros. Un viaje en avión de Abuja a Duala, en Camerún, que comparte frontera con Nigeria, puede llevar al viajero unas 24 horas de tránsito. Un viaje de Nigeria a la República Centroafricana puede obligar al pasajero a hacer escala en Kenia, al otro lado del continente, antes de llegar a Bangui. Y el coste de volar en la costa oeste y en África Central es tan elevado como el de volar desde Nigeria hasta Europa.
Las personas pasajeras son frecuentemente enrutadas a través de Europa o Oriente Medio, lo que añade tiempo y coste. Las grandes aerolíneas europeas y del suroeste asiático compiten agresivamente por las personas viajeras africanas ofreciendo tarifas más baratas hacia sus hubs internacionales que lo que las aerolíneas africanas cobran por rutas dentro del propio continente. Su tamaño y escala les permiten cubrir aviones de fuselaje ancho, distribuir los costes fijos entre miles de pasajeros y negociar combustible y tasas aeroportuarias a mejor precio. El resultado es que un vuelo de larga distancia a Europa puede ser más barato que un trayecto corto entre dos capitales africanas.
En este contexto, Togo ya demuestra que la voluntad política transforma la aviación: Togo destaca como uno de los pocos países africanos que implementa activamente el Mercado Único de Transporte Aéreo Africano. Al revisar sus Acuerdos de Servicios Aéreos Bilaterales, ha eliminado restricciones a las aerolíneas extranjeras, posicionando a Lomé como hub regional a través de ASKY Airlines.
Gnassingbé calificó la integración económica africana de "necesidad histórica" en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y el avance del proteccionismo. El Foro Biashara Afrika tiene como objetivo favorecer las asociaciones económicas y la implementación de la ZLECAf.
Ghana tiene previsto implementar reformas similares de visado a partir del 25 de mayo de 2026, en conmemoración del Día de África.
Pero el camino que queda es largo. El índice de apertura de visados publicado por el Banco Africano de Desarrollo reveló que solo el 28,2% de los viajes intra-africanos era libre de visado a finales de 2025. Cuarenta y ocho países africanos aún requieren visado a sus hermanos continentales.Expertos estiman que la liberalización del transporte aéreo en África podría generar más de 2.000 millones de dólares en actividad económica y crear más de 150.000 empleos. La decisión de Togo apunta exactamente en esa dirección: demostrar que la integración continental tiene retornos económicos reales, y que el único requisito para construirla es la voluntad política de dar el primer paso.
Un texto de Quinndy Akeju