Lo de Ceuta ayer no puede blanquearse de ninguna manera bajo la etiqueta de "disturbios" o "tensión". Hablamos de grupos organizados que salen a la calle a buscar a gente por su cara, por su apellido, por su forma de rezar; persiguiendo a quienes identifican como extranjeros, les destrozan los pocos refugios que tienen, queman sus cosas y encima le impiden a la Cruz Roja repartir comida y agua… Eso tiene un nombre compañeras periodistas y comunicadoras: terrorismo racista. No me importa si el código penal todavía no lo reconoce como tal. Políticamente es eso, sembrar miedo en una población entera, marcada por la raza, para echarla del territorio. Lo que vimos ayer es el pueblo respondiendo al llamamiento del diputado de Vox José María Figaredo, que tuvo la desvergüenza de llamar a "cazar uno a uno" a las personas migrantes. Un acto terrorista aireado en televisión sin ninguna censura. En esto son cómplices los medios de comunicación y las instituciones que permiten que un terrorista esté sentado en el Congreso pagado con nuestros impuestos. Ahí está el enlace, las denuncias acumuladas, la prueba de que no es un exabrupto: es un patrón, es una consigna política lanzada desde el escaño y amplificada sin vergüenza.
Lo que vimos ayer en Ceuta no nos tiene que sorprender, es el resultado directo de semanas de deshumanización, de narrativas racistas machacadas desde los medios, desde los partidos, desde las redes, ante el silencio de la izquierda progre. A las personas migrantes se les ha llamado de todo: violadores en potencia, usando el feminismo blanco como coartada, portadores de epidemias, focos de contagio, amenazas sanitarias. Hemos visto titulares hablando del "reemplazo" de la población "autóctona" ceutí, camuflados bajo el discurso de la protección de la soberanía. Esa teoría que lleva décadas promoviéndola la derecha internacional, y su primer enemigo siempre es el islam, especialmente el hombre musulmán.
En Ceuta hubo convocatorias por WhatsApp para hacer "batidas" y sacar a migrantes de los barrios a la fuerza. ElDiario.es documentó mensajes que hablaban de "llegar hasta la muerte". Los manifestantes persiguieron a migrantes, reventaron campamentos, quemaron pertenencias, hostigaron comercios atendidos por ceuties musulmanes y hasta le tiraron huevos a un taxista musulmán. El 27 de agosto, bloquearon el convoy de Cruz Roja que llevaba comida a la playa del Trampolín. O sea: hambre, persecución, fuego. ¿Y todavía hay quien lo reduce a "malestar vecinal"?
Torre Pacheco, julio de 2025, nos enseñó el guion. Un vecino sufre una agresión. Rápidamente, bulos, vídeos falsos, propaganda ultra. La culpa deja de ser de un individuo concreto y pasa a ser de toda la población magrebí. Llamamientos a patrullar, a "cazar" migrantes. El Observatorio Español del Racismo contabilizó más de 138.000 mensajes de odio en dos semanas; el 91% contra personas del norte de África. Una agresión individual la convierten en licencia social para perseguir a todo un grupo racializado. Ceuta repite la misma mutación. Primero la palabra "invasor". Luego da igual quién cometió qué. Ya no hay persona concreta, hay un cuerpo racializado que automáticamente es sospechoso. Magrebí, negro, musulmán, migrante… o simplemente alguien que lo parece. Y ahí aparece la imagen más reveladora de toda esta crisis. Aiub Tuhami, periodista ceutí, lo cubría todo cuando un manifestante lo agredió creyendo que era migrante. Le increpó, lo atacó, y solo después, al darse cuenta de que era de Ceuta, pidió disculpas. Ese episodio tendría que hacernos entender que el racismo no pide el pasaporte antes de golpear. Ese chaval podía ser español, haber nacido en Ceuta, trabajar para un medio local, tener todos los papeles en regla. Nada de eso importó durante esos segundos, porque quien lo miraba ya había decidido qué era por su apariencia, que no pertenecía.
Y justo ahí se cae la fantasía cómoda de mucha gente racializada con ciudadanía europea y es creer que el endurecimiento racista solo le va a caer al recién llegado, al "ilegal", al que cruzó ayer la frontera. Siento decepcionaros hermanas, no funciona asi. Hoy son "ellos" y mañana la frontera la llevas tú en la cara.
Estados Unidos lleva años avisando, la gran ofensiva migratoria de ICE se vendió como una operación contra indocumentados y criminales peligrosos “ellos”. La realidad fue ampliando el perímetro. En julio de 2026, ICE hizo casi 50.000 detenciones en un mes; más de la mitad sin condenas ni cargos pendientes. Y luego pasó a detener personas racializadas con cuidadanía. Leonardo García Venegas, nacido en EE.UU., detenido tres veces, en una acabó esposado, ya había denunciado que en redadas laborales los agentes se llevaban a trabajadores latinos y que, aun mostrando su ciudadanía, no lo soltaban enseguida. George Retes, veterano del Ejército, ciudadano estadounidense, pasó tres días detenido tras una redada en California. Repitió que era estadounidense, y aun así lo retuvieron sin cargos. Así funciona el perfilamiento racial, tu cara, tu apellido, tu idioma, tu barrio o tu trabajo es el documento de identidad alternativo. Ya no te preguntan qué papeles tienes. Tu cuerpo es el papel. Y luego viene el siguiente escalón, el 7 de enero de 2026, Renée Good, ciudadana estadounidense de 37 años, muere por disparos de un agente de ICE en Minneapolis. No la buscaban por inmigración. Participaba en redes vecinales que observaban y alertaban sobre las redadas. Human Rights Watch vio los vídeos y dijo que el uso letal de fuerza fue injustificado; las imágenes desmentían la versión federal de que intentó usar su coche como arma. Semanas después, Alex Pretti, enfermero de UCI, ciudadano estadounidense, fue asesinado por agentes federales durante redadas migratorios en la misma ciudad.
Esa es la advertencia para España, el aparato racista arranca diciendo: "vamos solo contra los ilegales". Luego pasa a: "detendremos a quien parezca ilegal hasta comprobar quién es". Y al final alcanza también a quien se interpone, documenta, protesta o simplemente se niega a aceptar que sus vecinos sean tratados como ciudadanos de segunda. En Ceuta ya hubo aviso previo. Tras la entrada de personas migrantes a finales de julio, fascistas neonazis de Núcleo Nacional se plantaron en la ciudad anunciando una concentración por una supuesta "reconquista". También aparecieron Alvise Pérez y Vito Quiles. Muchos ceutíes, sobre todo ceutíes musulmanes, les plantaron cara: "fuera fachas", "Ceuta unida, no dividida", y una frase que luego sonó a profecía: "esto no es Torre Pacheco".
Semanas después, aparecieron exactamente las mismas dinámicas que Torre Pacheco había inaugurado, empezaron con bulos, categorías raciales colectivas, patrullas, llamadas a expulsar gente de los barrios, persecuciones y violencia. Y en plena crisis humanitaria, ¿quién se planta en Ceuta? Aznar. El expresidente, en plena campaña del PP, el mismo cuyo nombre apareció en los archivos de Epstein, el mismo que participó en la guerra imperialista de Irak, el mismo que mintió sobre las armas de destrucción masiva. Ese tío que fue a Ceuta y dijo que la migración musulmana es "un problema serio". Textualmente: "Hoy hay otras migraciones que sí provocan más problemas, y el problema de la inmigración musulmana sí que es un problema serio" ¿Qué fue a hacer un criminal de guerra y un racista como Aznar en plena crisis humanitaria en Ceuta? la respuesta es que fue a echar gasolina. es el clima ideal para los fachas de la derecha. Fue a legitimar con su presencia, con su nombre, con su historial, la narrativa que ya estaba corriendo por las calles, que el problema son ellos, que la amenaza es el islam, que hay que defender la "soberanía" frente a los cuerpos que llegan.
Hay que prestar atención a la simbología presentes en las marchas fascistas en ceuta, el fascismo tiene un vocabulario muy reconocible y es invasión, reconquista, expulsión, enemigo interior, pureza nacional, autodefensa colectiva. Viendo los videos de la manada de fachas en ceuta veo uno con una camiseta que dice “Nuestra raza aun no ha muerto” con la bandera española. Simbolos que por desgracia tambien portaban los ceuties musulmanes y acá el caso del periodista ceutí importa porque desmonta de un golpe la frontera imaginaria entre "migrantes" y "nosotros". Para el racismo, esa frontera nunca fue administrativa. Es visual, racial, espiritual. Las personas musulmanas españolas, las negras españolas, las de origen magrebí, quienes simplemente parecen extranjeras: deberían mirar lo de Ceuta y entender que la promesa de que la violencia se limitará al recién llegado es una mentira, y es un engaño. Hoy dicen que van contra los sin papeles. Mañana le pegan a un ceutí porque creen que es migrante. Después un ciudadano tiene que llevar el pasaporte encima para convencer a un agente de que es de su propio país. Y al final, hasta quienes tienen el pasaporte correcto se vuelven objetivo si se plantan delante de la maquinaria. La historia del racismo está llena de fronteras que empezaron estrechas y fueron ensanchándose. Por eso, responder a estos pogromos racistas no puede ser solo demostrar que algunas víctimas "sí son españolas", "sí tienen papeles", "sí son buenas ciudadanas". Porque esa defensa acepta en silencio que existe otra categoría de seres humanos contra quienes la violencia sería más entendible.
La respuesta tiene que ser otra, radicalmente humana y es que ningún ser humano pierde su derecho a la seguridad, a la comida, al refugio o a caminar por la calle por haber nacido al otro lado de una frontera, literalmente a metros. Lo que hoy ensayan contra ellos puede convertirse mañana en el mundo que nos toque habitar a todas. Y cuando eso pase, quizá sea demasiado tarde para preguntarnos cuándo empezó. Ya nos advertía Aimé Césaire, el fascismo es el colonialismo y el racismo practicado durante decadas en el Sur Global, que vuelve en efecto boomerang al norte. El colonizador incluso se deshumaniza a si mismo en el Sur, cuando vuelve al norte ya ha perdido a su propia humanidad, es imparable. La deshumanización empezó cuando aceptamos que había cuerpos cuya persecución podía llamarse simplemente "tensión vecinal".
Un texto de Chaimaa Boukharsa