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¡Sí, sí, sí por el Buen Vivir!

Estimada persona lectora: Hace unas semanas algunas de las integrantes de Afrocolectiva tuvimos la fortuna de estar presentes en la Marcha Global de Mujeres Negras, un evento histórico que, según las cifras oficiales, tuvo una asistencia estimada de 300 mil mujeres y 40 países de todo el mundo. La intención de esta nota es agradecer tu apoyo y confianza en nuestro trabajo. Cada vez que compartes o interactúas con nuestro contenido, nos ayudas a mantenernos en la primera línea, porque creer y, sobre todo, HACER un periodismo afrocentrado y antirracista no es fácil en tiempos de IA y clickbaits. Detrás de todo lo que ves en redes hay un equipo de trabajo que sueña con el glorioso día en que este proyecto pueda ser sostenible. Mientras eso sucede, continuamos apostando por la autogestión, la autonomía y la convicción de que nuestro trabajo es una práctica transformadora. Si el mundo nos cierra las puertas, nosotres derribaremos las paredes y abriremos los caminos. Gracias por ser parte de esta comunidad. 

El bloque caribeño se abrió paso entre la multitud con gozo. Las consignas y los tambores de daban vida a una potencia inconfundible y paradójica, mientras el ritmo atraía las miradas y, desde luego, una que otra persona que no podía resistir mover el cuerpo, sonreír y sumarse por un momento al contingente, los carteles recordaban al país que fundó su libertad sobre la candela, Haití. 

“Un grito por Haití”

“Haití está aquí”

“Estamos aquí por ti, por las que no pudieron venir

tu dolor se va a sentir

Haití también está aquí”

En tiempos de guerras, genocidios y fascismos, importa permitirnos conmovernos y darnos el derecho a recordar los instantes en que una o más personas deciden no simular neutralidad ante la crueldad, porque las atrocidades no sólo son efecto de las bombas, algunas vienen del olvido selectivo.

Johanna Agustín Federico, activista dominicana y la voz detrás del megáfono del bloque caribeño gritaba con fuerza “Si, sí, sí, por el Buen Vivir” “Reparación, memoria y territorio”, al tiempo que reía y relajaba con quienes estaban a su alrededor, en el acuerdo común de no permitir que el hartazgo– viejo conocido– contamine la ancestralidad feliz. 

Metros atrás los bloques antifascistas levantaban estandartes con la bandera de Palestina y gritaban por el fin de la guerra en el Congo. La Marcha Global de las Mujeres Negras fue una especie de radiografía internacional que reafirmaba una obviedad: las mujeres negras no luchan por una única causa. ¿Es relevante enfatizar esto? Sí, porque sirve para entender la potencia de articulación y analizar cómo las mujeres negras siempre han intervenido el presente para sostenerlo y acuerparlo, he ahí la gran diferencia con la sororidad blanca o el feminismo hegemónico.

Entender la Reparación histórica y el Buen Vivir desde el cuerpo. 

Es la marcha donde más turbantes y cabellos rizados y trenzados he visto. Un festín de la diversidad corporal que transitaba por el espacio público con la certeza de no ser invadido ni agredido. Eso es parte del Buen Vivir, porque históricamente, los cuerpos de las mujeres negras han sido comprendidos como propiedades que pueden ser sometidas a intercambios, explotaciones y vejaciones sin escrúpulos. La deuda histórica atraviesa nuestros cuerpos y el día que los Estados nación reconozcan públicamente el efecto colateral de años de racismo, deberán estar preparados para diseñar e implementar acciones para restituir y procurar la dignidad de los cuerpos negros. 

Nuestros cuerpos son los primeros territorios donde el racismo se filtra, y esto se constata con los casos de racismo capilar, relacional e incluso religioso. ¿Cuántos casos de perfilamiento racial no se dieron por cuenta de un tipo de cabello o por el uso de turbantes? En México, por ejemplo, recuerdo el caso de Donají, una niña afromexicana que cuando cursaba la primaria se trenzó el cabello y la escuela incurrió en una práctica discriminatoria al negarle el acceso a las instalaciones. Sobran testimonios de mujeres negras que fueron excluidas de procesos laborales porque su tipo de cabello era considerado como un rasgo de informalidad y hasta de suciedad. Las complexiones también han sido castigadas, porque hay mujeres que han sido acusadas de provocar deseos lascivos por el volumen de sus cuerpos. 

Una acción reparativa debería estar enfocada en garantizar gratuidad para atender cuestiones de salud mental para mujeres negras. Alisar el cabello o renunciar al uso de los turbantes constituyen procesos complejos que atentan, de forma directa, contra la autonomía corporal y afectiva de las mujeres negras. 

No se trata pues, de acciones asistencialistas, ni de distribuir ayudas económicas sin estrategia, se trata de asumir que las compensaciones financieras permiten reducir las brechas de desigualdad. Mientras la Reparación se enfoca en la redistribución de las riquezas, el Buen Vivir– explica el Manifiesto de la Marcha Global de las Mujeres Negras– es “nuestra luz que nos guía hacia el futuro que deseamos para todas las personas”. En el Buen Vivir, nuestras cuerpas no están abrumadas por existir en el espacio público. En el Buen Vivir, las niñas no se someten a dolorosos procesos de alaciado ni están tentadas a usar tratamientos para aclarar el tono de piel. En el Buen Vivir nuestros cuerpos caminan y coexisten en entornos amorosos y de cuidado. 

En el Buen Vivir, el cabello y los turbantes son inmunes a las tecnologías de la exclusión. 

Reparación, memoria y territorio.

Una nota de Ana Hurtado

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