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“No somos una colonia”. Estallan protestas en Kenia contra el centro de cuarentena de ébola ‘para estadounidenses’ impuesto en el país

La policía de Kenia reprimió este martes con gases lacrimógenos, cañones de agua y munición real a cientos de manifestantes que rechazaban un centro de aislamiento para el ébola destinado a estadounidenses, financiado por Estados Unidos en la localidad de Nanyuki. La brutalidad institucional dejó un saldo de dos fallecidos y un herido de bala en la cabeza.

La infraestructura, diseñada para albergar 50 camas de aislamiento administradas por personal de Estados Unidos, está destinada a confinar a ciudadanos norteamericanos expuestos al virus del ébola en la República Democrática del Congo y Uganda.

Personas manifestándose en Kenia

La jornada de protestas comenzó de forma pacífica, con cientos de personas recorriendo el centro de la ciudad con carteles, banderas nacionales, cruces, disfraces que simulaban equipos de protección individual y un ataúd simbólico. La respuesta del Estado fue la bala.

Aunque el Tribunal Superior de Kenia ordenó suspender temporalmente la construcción el pasado 1 de junio, las obras continuaron en el sitio con el arribo de expertos extranjeros, lo que intensificó la indignación de la población local.

Según las informaciones disponibles, el centro se utilizará para ciudadanos estadounidenses asintomáticos, médicos y otros trabajadores que puedan haber estado expuestos a la variante Bundibugyo del ébola. Kenia ha registrado cero casos hasta ahora, pese a las pruebas masivas a los recién llegados, pero la vecina Uganda ha registrado 11 casos, entre ellos una muerte.

Organizadores de las protestas han acusado a Estados Unidos de trasladar los riesgos para la salud pública a Kenia. En otras palabras: Washington ha decidido que el riesgo de contagio lo asuman las personas en Kenia, para que estadounidenses reciban atención fuera del territorio de los Estados Unidos.

La administración Trump ha declarado que "no puede ni permitirá" que ningún caso entre en territorio estadounidense, a diferencia del brote de ébola de 2014-2016 en África Occidental, cuando varios ciudadanos estadounidenses infectados fueron tratados en suelo norteamericano. En 2014 las personas estadounidenses eran tratadas en casa; en 2026, el riesgo se externaliza a África.

Patrick Wahome, uno de los organizadores de la protesta, afirmó: "Nanyuki es un pueblo muy pequeño. El personal militar que trabaja en la base vive con nosotros. Nuestros hijos van a las mismas escuelas, lo que significa que si alguien se infecta, nos infectamos todos. Estamos protestando para salvar nuestras vidas."

La activista Chris Njoki Wanene denunció que el acuerdo entre Nairobi y Washington se cerró sin respetar el Estado de derecho ni informar a la ciudadanía.

Esta postura del Ejecutivo evidencia la vulneración de la soberanía nacional frente al condicionamiento de la asistencia financiera extranjera, en el marco de un convenio suscrito por el cual Nairobi entregó bases de datos sanitarias a cambio de financiamiento, mientras la Casa Blanca asignó 13,5 millones de dólares para esta criticada iniciativa.

El presidente William Ruto defendió la decisión, diciendo que sería "muy inhumano" que Kenia rechazara una instalación financiada por Estados Unidos después de años de recibir ayuda estadounidense. La lógica entonces, revela que la deuda financiera con Washington vale más que la vida y la soberanía del pueblo keniano.

Sin embargo, el exvicepresidente de Ruto, Rigathi Gachagua, dijo a CNN que el plan revelaba dobles estándares por parte de Estados Unidos y debía ser resistido.

Lo que ocurre en Nanyuki tiene un nombre: racismo sanitario de raíz colonial. Esta práctica sigue una lógica que el Norte Global ha aplicado sistemáticamente sobre África durante siglos: el cuerpo africano como espacio disponible para los riesgos que los cuerpos blancos occidentales consideran inaceptables para sí mismos. Esto refleja una tendencia más amplia en toda África, donde los países están rechazando cada vez más lo que los críticos describen como el enfoque transaccional de Washington bajo el presidente Donald Trump y acuerdos considerados favorables a los intereses estadounidenses.

¿Se construiría este centro en Francia, en Alemania, en Canadá? ¿Aceptaría cualquier gobierno europeo que algún país africano instalara una cuarentena para su ciudadanía en suelo ajeno, ignorando una orden judicial y reprimiendo con balas a quienes protestan? La respuesta es evidente. No. África tiene que soportar lo que el Norte Global rechaza para sí mismo, y lo hace bajo el eufemismo de la "cooperación internacional" y la "ayuda al desarrollo."

Este patrón tiene raíces históricas documentadas, desde los ensayos clínicos no consentidos en países africanos hasta el dumping de medicamentos caducados, el continente ha sido tratado reiteradamente como laboratorio y como zona de riesgo externalizable. El centro de Nanyuki es la versión contemporánea de esa misma lógica colonial: África como buffer sanitario de Occidente.

Lo que ocurre en Nanyuki es colonialismo con otro nombre. África sigue siendo tratado como un recurso disponible para la comodidad occidental, cuando sabemos que no ocurriría a las inversa. Afirmamos que la salud, la soberanía y la dignidad de los pueblos africanos son indivisibles, y que África tiene el derecho pleno e irrenunciable de decidir sobre su propio territorio. Exigimos justicia para las víctimas de la represión, y el fin de todas las formas de racismo sanitario sobre el continente africano.

Un texto de Quinndy Akeju

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