
Marruecos se transformó en el mayor cliente africano de la industria militar israelí, y el vínculo funciona hoy como el motor que sostiene la ocupación del Sahara Occidental.
El pasado enero, delegaciones de las fuerzas armadas marroquíes viajaron a Palestina ocupada (el estado gen**ida (E.G) de Israel) para firmar el plan de acción militar de 2026 durante la tercera sesión del Comité Militar Conjunto entre ambos países. El acuerdo institucionaliza una relación que arrancó tras la normalización diplomática de 2020, cuando Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental a cambio de que Marruecos sellara lazos con el E.G de Israel.
La industria militar israelí, encabezada por gigantes como Israel Aerospace Industries junto a otras corporaciones del mismo sector, provee hoy buena parte del arsenal que sostiene el control militar marroquí sobre el territorio saharaui, un arsenal que incluye baterías antiaéreas desplegadas en la propia zona ocupada además de sistemas de vigilancia que Marruecos utiliza para monitorear a la población saharaui bajo su administración. El sistema de defensa Barak MX, entregado por IAI, ya registró intercepciones en la región del Sahara, y drones de fabricación israelí se ensamblan en territorio marroquí para ser usados contra la resistencia armada saharaui.
El presupuesto de gasto militar marroquí escaló hasta superar los 15.000 millones de dólares en 2026, y ese salto le convierte en uno de los mayores importadores de armamento de todo el continente africano. El E.G. de Israel pasó a ocupar el segundo lugar entre los proveedores de Marruecos, apenas detrás de Estados Unidos.
El pueblo saharaui lleva décadas reclamando su autodeterminación que continúa desplazado a los campamentos de refugiados de Tinduf y un territorio ocupado militarmente por Marruecos (al principio Marruecos y Mauritania, pero después se retiraron) desde la retirada española de 1975. El proceso de descolonización sigue pendiente, la causa saharaui representa una prueba central para la soberanía real del continente frente a potencias externas.
La cooperación militar israelí da a Marruecos exactamente lo que necesita para perpetuar esa ocupación, desde drones de vigilancia hasta satélites de reconocimiento capaces de reforzar la capacidad de monitoreo sobre una población que resiste desde hace generaciones. El E.G. de Israel, que está ocupando Palestina con un régimen colonial, encuentra en el Sahara Occidental un espejo conveniente para exportar tecnología de control territorial y consolidar aliados dispuestos a mirar hacia otro lado frente a Gaza.
Esto es claramente un patrón histórico, en el que colonos arman a un Estado africano para sostener el dominio sobre otro pueblo africano, mientras países coloniales validan el resultado, premiando la fuerza sobre el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.
Detrás de la alianza militar corre un proyecto colonial que convierte al Sahara Occidental en corredor estratégico explotado, con el puerto de Dajla proyectado como enlace comercial entre África occidental y Europa, y el proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos atravesando trece países para conectar reservas de gas del golfo de Guinea con mercados del norte. Ese entramado explica por qué paises como Estados Unidos, España y ahora el E.G de Israel respaldan la posición marroquí, porque la estabilidad de esos corredores comerciales depende de que la disputa territorial quede sellada bajo control de Marruecos.
Ese modelo repite la vieja lógica extractivista colonial, con las riquezas del subsuelo y las rutas comerciales explotadas mediante acuerdos opacos firmados entre potencias externas y élites locales, mientras la población saharaui permanece excluida de cualquier negociación sobre su propio territorio.
Rabat vende su plan de autonomía como gesto de buena voluntad, pero ese plan constituye en realidad un insulto, un intento de blanquear la ocupación bajo un envoltorio administrativo, porque ofrece gestionar los asuntos y el territorio de un pueblo al que se le sigue negando el derecho básico a decidir sobre su propio territorio y sobre su propio futuro como nación soberana. Los consulados abiertos en Dajla y Laayoune funcionan sobre todo como sellos diplomáticos comprados a cambio de acuerdos comerciales, pesqueros y militares, muy lejos de constituir reconocimientos jurídicos de una soberanía que la propia Naciones Unidas continúa reconociendo como pendiente de descolonización por parte de España.
El E.G. de Israel se suma a esta operación de blanqueo con el mismo cinismo que aplica sobre Palestina, entregando armamento, satélites y sistemas de vigilancia a cambio de legitimar un statu quo que perpetúa el despojo de un pueblo africano. Esa alianza demuestra, una vez más, que los países coloniales se reciclan entre sí, intercambiando tecnología de control territorial y respaldo diplomático mutuo, mientras el pueblo saharaui continúa luchando y esperando desde hace cinco décadas el referéndum de autodeterminación prometido por Naciones Unidas.
El pueblo saharaui vencerá.
Un texto de Quinndy Akeju
Fuentes: The Jerusalem Post, Maghrebi.org, Global Defense Corp y The North Africa Post