
“Hijo de puta la que ha liado”, “traete el taser, traete el taser”, “bueno, ya ha muerto, ¿no?” son algunas de las frases de policías que se escuchan de las grabaciones de lo ocurrido. Haitam Mejri, un hombre africano de 35 años, que residía en Malaga, fue reducido por cinco agentes y recibió descargas de pistolas Taser. Su familia denuncia que su muerte durante una supuesta intervención policial en Torremolinos (Málaga) fue consecuencia de un uso desproporcionado y excesivo de la fuerza, y exige que se investigue como homicidio. Un informe pericial constata que el cadáver de Haitam presentaba “un número total de 86 lesiones externas objetivables”, incluyendo traumatismos “de alta energía”, compresión cervical y descargas eléctricas en torso y flancos. Así se recoge en un informe del doctor Aitor Curiel, médico especialista en Medicina Legal y Forense, elaborado a petición de la familia, que recoge los signos visibles por todo el cuerpo: Haitam recibió golpes o descargas en brazos, piernas, cabeza y tronco, según ese documento.
Eldiario.es recoge que según la policía: Haitam entró aquella tarde en un locutorio de Torremolinos pidiendo un cargador. Estaba muy alterado, presumiblemente bajo efectos de algún estupefaciente. Tras forcejear con el dueño, está salió corriendo y llamó al 112, quien alertó a la Policía, que acudió por un presunto robo. El vídeo completo registrado por las cámaras del local no sostiene esa hipótesis. Tampoco muestra amenazas o la actitud intimidatoria con los policías o terceros. Haitam reiteró en varias ocasiones que quería colaborar, insistió en que sólo quería cargar su móvil y ofreció su mano a la policía. Pero cuando se la dio, y el agente intentó engrilletarlo, el móvil se le escurrió e intentó recuperarlo forcejeando con el agente. Veinte minutos después había muerto.
Los vídeos de aquella tarde, desvelados en su integridad por elDiario.es, muestran que los agentes golpearon en la cabeza, presionaron a Haitam sobre piernas, hombros y tórax, y descargaron su pistola táser (entre 1.500 y 2.000 voltios) en varias ocasiones. Once, según la familia, “al menos siete”, según el perito.
Las imágenes de las cámaras de seguridad, muestran que Haitam nunca actuó de forma agresiva y obedeció las órdenes policiales. Aun así, recibió una intervención violenta que terminó con su vida. Estos hechos reflejan un patrón de violencia institucional que afecta de manera desproporcionada a personas racializadas y migrantes.
Durante la semana, el medio de comunicación elDiario.es Andalucía ha publicado extractos de la intervención completa registrada en vídeo por dos cámaras desde el interior del local, así como de los dos vídeos más cortos grabados por las cámaras asociadas a las dos táser. El vídeo que acompaña a esta información se ha elaborado vinculando las dos grabaciones íntegras registradas por las cámaras corporales. En ellos se observa sin cortes lo sucedido desde que los dos primeros agentes llegan al locutorio, ya con una de las pistolas en la mano, hasta que los dos agentes que las portaban interrumpen la grabación simultáneamente, tras mantener este diálogo:
– ¿Esto cómo se para de grabar? ¿Dándole o cómo es?
– Le doy yo, que el mío no graba. ¿Le quieres dar?
– El tuyo está grabando, mira la cámara encendida. Está grabando también.
Entre esos dos instantes, dispararon un mínimo de ocho veces entre los dos. La familia cuenta 11. Hay varias ocasiones en las que este medio no ha podido discernir si se trata de dos disparos seguidos o uno largo, de modo que ha escogido la cifra conservadora.
El primer agente ya lleva la pistola desenfundada nada más entrar. Un minuto antes de disparar, cuando ya está cerca, la señala y pregunta a Haitam: “¿Estás viendo esto?”. Un minuto después se dan la mano, pero cuando tratan de engrilletarlo un móvil se resbala y Haitam trata de cogerlo. Ahí arranca el forcejeo, en el que entre tres agentes acaban tumbando al hombre.
Todos los disparos se producen con él en el suelo, según se observa en las grabaciones. Al menos cinco de las descargas, de entre 1.000 y 2.000 voltios, ocurren en un intervalo de unos 30 segundos, mientras él grita y se retuerce de dolor, y las tres últimas descargas ocurren con él aparentemente reducido, minutos después de que uno de los policías diga: “¡Hala, engrilletado!”. Los agentes hablan entonces de evitar “que se venga arriba”, según se escucha en el vídeo.
En varias ocasiones, la grabación recoge que alguno de los policías animó a seguir descargando: “Tráete el táser, tráete el táser”. “Lo tengo aquí”. “Métele otra vez, métele, métele. Métele, que no se venga arriba”. A continuación, llegan dos descargas, casi tres minutos después de la primera (5:29 y 5:34 en el vídeo). Un par de minutos después, se escucha a un agente susurrar “métele más táser” (7:58). “No, porque ya está todo el mundo ahí mirando”, le advierten.
El problema parece ser engrilletarlo también de los pies y sacarlo del local, por lo que piden una ambulancia para darle un “pinchazo”. Sin embargo, finalmente deciden volver a dispararle (9:45), casi siete minutos después del primer disparo, según se escucha. “Dale, dale, dale, que se viene arriba”. Pocos segundos después la grabación se interrumpe.
Los sanitarios, que llegan a la escena minutos después, comentan entre sí su desconfianza hacia el relato inicial de los agentes, y vuelven a pedir explicaciones a los agentes. Según se oye y se ve en los vídeos del local, estos no les informan del uso del táser.
El fallecimiento se produjo el domingo 7 de diciembre de 2025, alrededor de las 19:30 horas. Haitam había entrado a un locutorio para pedir un cargador de teléfono. El propietario, al percibir ‘nerviosismo’ en el joven, lo retuvo y llamó al 112, alegando un robo con violencia. Tres patrullas de la Policía Nacional acudieron al lugar; mientras un agente controlaba la puerta, los otros cinco redujeron a Haitam en el suelo y aplicaron descargas eléctricas. Poco después falleció.
La policía afirma que la causa fue una parada cardiorrespiratoria y que la actuación estuvo “conforme a derecho”. Sin embargo, el episodio evidencia un uso de fuerza letal dirigido de manera desproporcionada hacia un hombre racializado, siguiendo un patrón que ha sido documentado en múltiples casos de violencia institucional en España y Europa que ha sido evidenciado incluso en la ONU.
Los vídeos completos descartan cualquier robo o comportamiento agresivo de Haitam. “Resulta difícil mantener la confianza en instituciones que presentan una versión de los hechos sensiblemente distinta a la que reflejan las imágenes”, declaró Nasser Mejri, hermano de Haitam.
Los abogados explican que las diligencias solicitadas buscan acreditar que hubo homicidio por exceso de fuerza, y han pedido las grabaciones de las cámaras incorporadas a las pistolas Taser y de los dispositivos de los agentes. La familia también exige una disculpa pública y la rectificación de comentarios que lo retrataron falsamente como agresivo o delincuente.
Diversos sindicatos policiales y areas del gobierno han defendido la actuación de los agentes, llegando a describir a Haitam como “sujeto agresivo”, como ocurre con frecuencia con las personas racializadas al ser altamente criminalizadas. El Gobierno respondió a dos diputados que la actuación policial había cumplido "escrupulosamente" los protocolos y respondió a los criterios de "oportunidad, congruencia y proporcionalidad". En concreto, la respuesta justificó la intervención con táser atendiendo al "tipo de situación", la "forma" en que se usó ("descarga por contacto", la menos lesiva según se dice) y las zonas del cuerpo donde el hombre recibió las descargas, hombro y pierna. Pero estas versiones reflejan un sesgo racista que criminaliza a personas racializadas. Activistas antirracistas y organizaciones de Derechos Humanos han señalado que este caso es una muestra más de cómo la violencia policial impacta de manera desproporcionada sobre personas migrantes y racializadas, y han llamado a una investigación transparente y a reformas profundas en el uso de la fuerza.
ACTUALIZACIÓN — Abril 2026: el caso archivado sin tomar declaración a los policías
La jueza titular del juzgado de instrucción 1 de Torremolinos ha confirmado el archivo de la investigación, según fuentes judiciales. El archivo, que no es definitivo, ha sido recurrido en apelación ante la Audiencia Provincial de Málaga.
La jueza se basa en el informe del Instituto de Medicina Legal (IML), que concluye que la muerte se produjo por una reacción adversa al consumo de sustancias tóxicas que derivaron en un "delirio agitado sobre la base de un corazón patológico". Se trata de un diagnóstico muy controvertido: el delirio agitado no está reconocido por la OMS ni por las principales asociaciones de psiquiatría, y su uso en el diagnóstico de muertes durante intervenciones policiales es ampliamente cuestionado.
La familia presentó antes del IML un informe mucho más completo del doctor Aitor Curiel, presidente de la Sociedad Española de Medicina Legal y Forense, que documenta 86 lesiones en el cadáver - entre ellas marcas que indican que los policías dispararon 11 veces el taser sobre el cuerpo de Haitam- y concluye que la muerte no se habría producido en ese lugar y en ese momento de no haber mediado una intervención policial como la que se produjo. El informe también señala que "en ausencia de dosis letales en sangre, la actuación policial se alza como el elemento más claro, objetivo y compatible con la causa que desencadenó el fallecimiento".
La jueza no ha practicado ninguna de las diligencias solicitadas por la familia en los últimos tres meses, y archivó el caso dos días después de recibir el informe del IML. Entre esas diligencias pendientes destacaba algo fundamental: no se tomó declaración a los propios policías que intervinieron, ni como testigos ni como investigados, ni se identificó a los testigos presentes.
Los letrados de la familia presentaron además una queja ante el Consejo General del Poder Judicial contra la jueza, acusándola de vulnerar el derecho a la tutela judicial efectiva.
El procedimiento será remitido en fechas próximas a la Audiencia Provincial de Málaga, donde los magistrados de una de las secciones penales decidirán si el archivo es definitivo o si ordenan continuar con la investigación para determinar la existencia de responsabilidades penales.
La familia exige justicia. "Sólo pido que un juez valore si es justo que no se investiguen estos hechos", declaró Nasser Mejri, hermano de Haitam.
Fuente: EL PAIS
Un texto de Quinndy