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Europa arde más que el Sáhara y África occidental sufre graves inundaciones

Europa está pagando las consecuencias del colonialismo. El continente que construyó su riqueza extrayendo carbón, algodón, oro y mano de obra de África durante siglos, y que edificó su industria sobre ese saqueo, hoy sufre temperaturas que superan las del propio desierto del Sahara, mientras las costas de África occidental, empobrecidas históricamente por ese mismo proceso, quedan sepultadas bajo inundaciones que desplazan a millones de personas.

Julio de 2026 llegó con Europa occidental atrapada bajo ola de calor que empujó las temperaturas a niveles extraordinarios desde España hasta Alemania. El calor se fue intensificando desde el 1 de julio sobre la parte occidental de la península ibérica, para consolidarse durante el primer fin de semana del mes en una potente ola que golpeó con fuerza a Francia. 

Francia vivió su jornada más calurosa de toda su historia como país el 24 de junio, con un promedio nacional de 30 grados que superó los récords previos de 2019 y 2003, mientras en la localidad de Pulluau el termómetro llegó a 43,8 grados. Ese mismo día, decenas de departamentos franceses activaron alerta roja por riesgo de incendios. En Reino Unido, el Met Office confirmó 37,7 grados en Strumpshaw Hill, la cifra más alta registrada en un mes de junio desde 1976, con más de 150 estaciones meteorológicas batiendo sus propias marcas. Hungría, Polonia, República Checa, Austria, Países Bajos y Dinamarca reportaron también temperaturas históricas para sus territorios.

La comparación con el Sahara ya circula entre climatólogos y medios especializados, porque buena parte de Europa occidental estuvo, durante varios días de julio, más caliente que amplias zonas del desierto africano. El fenómeno tiene una explicación atmosférica precisa. La corriente en chorro se ha debilitado y, al volverse más ondulada, genera burbujas de aire estancado que bombean calor sahariano directamente hacia el continente europeo. A eso se suma la pérdida acelerada de nieve, que reduce el efecto albedo, y un Ártico que se calienta a un ritmo cuatro veces mayor que el promedio global.

Europa acumula ya 2,5 grados de calentamiento desde 1900, el doble que la media mundial, y las cifras oficiales de la Unión Europea atribuyen unas 60.000 muertes anuales al calor extremo en el continente. Un equipo internacional de científicos confirmó que casi la mitad de las 854 ciudades europeas analizadas batió o batirá durante junio de 2026 su propio récord histórico de estrés térmico, una señal de que el fenómeno dejó de ser una anomalía puntual para convertirse en un patrón permanente.

A miles de kilómetros al sur, la crisis toma la forma contraria. Según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, alrededor de 7,5 millones de personas están en riesgo por las inundaciones que golpean varios países costeros de África occidental, entre ellos Nigeria, Costa de Marfil, Ghana y Benín. En Costa de Marfil ya murieron 59 personas desde el inicio de la temporada de lluvias en mayo, y en Ghana otras 12 personas perdieron la vida en los primeros días de esta semana. La capital ghanesa, Accra, quedó parcialmente sumergida tras las lluvias del lunes, y Benín reportó zonas anegadas en varias regiones.

Nigeria, Ghana, Togo y Costa de Marfil suman capítulos propios a esta crisis regional. Un ciclo de tormentas concentradas a finales de junio provocó inundaciones repentinas en las principales capitales costeras de la región, entre ellas Lagos, Accra, Abidján y Lomé, paralizando corredores económicos enteros y desplazando a miles de familias. En Abidján, las lluvias dejaron al menos una docena de muertes confirmadas, y en Lomé barrios completos quedaron aislados, con la actividad comercial detenida por completo.

La temporada, lejos de amainar, apenas comienza a mostrar su peor cara. Las autoridades regionales advierten que la etapa de mayor riesgo llega entre julio y septiembre, con miles de comunidades costeras e interiores ya identificadas como zonas de alto peligro.

Y es que aquí aparece el contraste que más pesa. Los países que hoy reciben las inundaciones más letales figuran entre los que menos gases de efecto invernadero han emitido en la historia, y entre los que durante siglos fueron colonias exportadoras de materias primas hacia las metrópolis europeas que hoy se derriten bajo el calor.

Europa, mientras tanto, dispone de aire acondicionado, sistemas sanitarios de emergencia y presupuestos públicos para enfrentar sus propias olas de calor, aunque esos recursos también muestran límites, con hospitales saturados y apagones eléctricos durante los picos de demanda energética. La vulnerabilidad, en cambio, golpea de forma desigual, porque las mismas estructuras económicas heredadas de la era colonial siguen determinando qué región del planeta cuenta con herramientas para adaptarse y cuál queda expuesta año tras año.

La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2025 se ubicó entre los tres años más calurosos de toda la serie registrada a escala global, con una temperatura media 1,44 grados por encima del promedio de 1850-1900, y que 2023, 2024 y 2025 forman juntos la terna de años más cálidos de toda la serie histórica. Ese calentamiento de fondo alimenta simultáneamente las cúpulas de calor que hierven Europa y las lluvias torrenciales que ahogan las costas del golfo de Guinea, porque una atmósfera más cálida retiene más humedad y libera esa energía en episodios cada vez más violentos, ya sea en forma de sequía extrema o de diluvio.

El verano de 2026 deja una lección incómoda para quien quiera mirarla de frente. La crisis climática castiga con mayor dureza a quienes históricamente contribuyeron menos a provocarla, mientras las potencias que construyeron su desarrollo sobre la explotación colonial enfrentan ahora, aunque con más recursos para amortiguar el golpe, la factura de un modelo económico que ellas mismas diseñaron.

Un texto de Quinndy Akeju

Fuentes Tiempo.com, Qué.es, Infobae, National Geographic España, Emol, P.M. News, GBETU TV y el Africa Hazards Outlook del NOAA Climate Prediction Center

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