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El régimen marroquí reprime y detiene a quienes protestan contra el sionismo, mientras recibe con honores a representantes de un Gobierno acusado de crímenes de guerra. ¿Para quien gobierna el regimen marroquí?

Marruecos intensifica la represión contra activistas y periodistas mientras abre sus puertas a Israel en plena ofensiva genocida contra Palestina

Mientras el genocidio contra el pueblo palestino continúa y el proyecto colonial israelí avanza sostenido por décadas de respaldo político, militar y económico occidental, el régimen marroquí profundiza una normalización que cada vez exige más represión contra su propia población.

La aerolínea israelí Arkia anunció la reanudación de los vuelos directos entre Tel Aviv y Marrakech a partir del 19 de agosto, después de casi tres años de suspensión. Los trayectos, operados con aviones Airbus A320, tendrán una frecuencia de dos vuelos semanales y facilitarán el viaje a Marruecos de una población potencial de alrededor de 700.000 colonos israelíes.

La conexión directa entre ambos países se había establecido inicialmente en julio de 2021, ocho meses después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel, impulsado en el marco de los Acuerdos de Abraham promovidos por el regimen de Donald Trump. Marruecos se convirtió así en el cuarto país árabe en normalizar relaciones con Israel, después de Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán.

Esto se produce mientras Palestina sigue siendo devastada, mientras las personas  palestinas han sido asesinadas y desplazadas, y mientras Israel continúa una ofensiva colonial y genocida sostenida por el imperialismo occidental.

Mientras el pueblo palestino es bombardeado, expulsado, cercado y privado de las condiciones más básicas para sobrevivir, colonos israelíes, incluidos soldados que son mayoría y reservistas que forman parte de una sociedad profundamente militarizada, pueden viajar de vacaciones a Marruecos y ser recibidos con todas las facilidades.

Y no solo turistas.

La ministra israelí de Transporte, Miri Regev, llegó precisamente a Marrakech coincidiendo con la reanudación de esos vuelos. Aunque su entorno presentó el viaje como una visita privada, estuvo acompañada por altos cargos del Ministerio de Transporte israelí.

Regev no es una figura cualquiera, fue portavoz del ejército israelí, es dirigente del Likud y acumula un largo historial de declaraciones racistas e islamófobas. Llegó a referirse al adhan, la llamada musulmana a la oración, como “los ladridos de los perros de Mohamed”. ¿Como es posible que el pais de “Emir de lo creyentes” o sea el rey permite eso? ¿Que justificación tiene recibir con alfombra roja a una ministra islamófoba? 

Su llegada desencadenó una nueva movilización popular. Miles de personas salieron a las calles de Marrakech para denunciar su presencia, rechazar la normalización con Israel y exigir el fin de la complicidad con un Estado acusado de graves crímenes internacionales.

La respuesta del régimen marroquí volvió a ser la misma, represión, detenciones y violencia policial. Y esa contradicción resume mejor que cualquier discurso lo que está ocurriendo. Alfombra roja para representantes de un Gobierno Genocida criminal, Furgones policiales para los marroquíes que salen a protestar contra ellos.

Mientras ministros, turistas y colonos israelíes encuentran en Marruecos un destino de descanso, activistas, periodistas y organizaciones marroquíes que denuncian la normalización se enfrentan a un clima cada vez más asfixiante de vigilancia, persecución, intimidación y represión.

El régimen pretende convertir la normalización en algo cotidiano a través de  vuelos, turismo, cooperación económica, acuerdos militares, visitas oficiales. Pero cuando una parte enorme de la sociedad marroquí rechaza esa normalidad, el Estado necesita imponerla.

Y la normalización, cuando no consigue legitimidad social, se sostiene mediante represión. Por eso cada protesta termina cercada. Por eso se persigue a activistas. Por eso se castiga a periodistas críticos. Por eso cada vez resulta más insoportable la vida para quienes se niegan a aceptar que Marruecos se convierta en un espacio seguro y cómodo para el sionismo mientras Palestina es destruida.

“Hemos llegado al punto en que a los marroquíes que exigen detener las matanzas los meten en furgones policiales, mientras a los criminales les abren el aeropuerto de Marrakech para que vengan de vacaciones.” dijo el activista Ali Lakrakbi 

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