
Que es la mutilación genital femenina y como se clasifica
La mutilación genital femenina es una práctica que se lleva realizando desde hace años. Si bien es cierto que en algunas zonas se considera tradición, cultura o costumbre, en realidad constituye una violación de los derechos humanos. Es un procedimiento traumático, doloroso e irreversible que condena a niñas y mujeres a una vida de sufrimiento, sin aportar ningún beneficio para su salud.
Según UN Women (UN Women. (s.f.). FAQs on female genital mutilation: Causes, impact and how to end it), se estima que 230 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a este procedimiento, una cifra que ha aumentado un 15% en los últimos ocho años. Con este ritmo de crecimiento, se calcula que para 2050 el número de supervivientes podría aumentar un 62%.
Para comprender mejor qué implica y supone la MGF, vemos que se define como la retirada parcial o total de los genitales externos de niñas menores de edad (aunque también existen algunos casos en mujeresn que han sido sometidas a esta practica en su edad adulta). Es conocido como “el corte” o “circuncisión femenina” y se realiza sin ningún fin relacionado con la salud o el bienestar como ya mencionabamos. A nivel de terminologías, podemos diferenciar 4 tipos claros de MGF:
Aunque existen diferencias entre estos tipos, todos constituyen una violación de los derechos de las mujeres, de su salud sexual y reproductiva y de su integridad física. Y además del daño inmediato, generan también consecuencias físicas y psicológicas a largo plazo. Y todo con el objetivo de cumplir ideales que no benefician o no satisfacen a la niña/mujer en cuestión de ninguna forma. Resultando nuevamente en una forma de utilizar el cuerpo de las mujeres como objeto de satisfacción ya sea para los hombres, para la sociedad o para estructuras y dinámicas de poder que raramente tienen en mente nuestros intereses.
Si bien es cierto que hay diversos objetivos y razones que se utilizan para justificar la practica de la MGF, todas estas varían según la región, pero suelen responder a 3 motivaciones principales (ninguna de ellas médicas):
¿Cómo afecta a la salud de las niñas?
La mutilación genital femenina no solo vulnera el derecho a la salud sexual y reproductiva y, en casos extremos, el derecho a la vida, sino que también atenta contra la integridad física y el derecho a no ser sometidas a torturas. Muchas niñas y mujeres que son sobrevivientes de esta práctica, padecen graves problemas de salud, además de complicaciones durante el parto. Esta práctica no aporta ningún beneficio como ya vengo reiterando. Sino todo lo contrario, genera y crea problemáticas a corto plazo pero también a largo plazo en diferentes aspectos de la vida de estas niñas.
Entre las consecuencias físicas se encuentran sangrados severos, dificultades para orinar, problemas menstruales, infecciones y complicaciones sexuales y reproductivas. Pero a lo largo de la vida pueden aparecer más secuelas, como complicaciones en el parto, hemorragias durante el posparto e incluso un mayor riesgo de muerte.
A esto se suman las consecuencias emocionales y psicológicas, a menudo invisibilizadas, donde el trauma puede durar más que las secuelas físicas. Muchas niñas y mujeres pierden la confianza en su red de apoyo, ya que suelen ser sus propios familiares quienes imponen la práctica. También pueden desarrollar depresión, estrés o ansiedad postraumática.
Datos actuales
Hoy en día, la mutilación genital femenina sigue practicándose en numerosos países, lo que la convierte en un problema global que exige acción colectiva. Según UN Women, la MGF se practica en 92 países, incluidas comunidades de la diáspora. Aunque más de la mitad de estos países cuentan con leyes que la prohíben, continúa realizándose en ciertas regiones, especialmente en zonas rurales.
Se estima que este año más de 4,5 millones de niñas están en riesgo de ser sometidas al procedimiento. Esto se debe no solo a la amplia presencia de la práctica, sino también a que muchas niñas han sido cortadas por médicos, enfermeros o profesionales sanitarios, lo que genera una falsa sensación de seguridad o legitimidad. Sin embargo, no existe diferencia entre ser cortada por un profesional médico o en un entorno tradicional. Los daños físicos y psicológicos son los mismos. Sigue siendo una violación de los derechos de las mujeres por mucho que se empiece a “medicalizar” la practica.
¿Qué se está haciendo actualmente al respecto?
Aunque aún existen países que legitiman la MGF, también se están logrando avances importantes, junto a varios paises que ya han aprobado leyes que prohiben la practica. A pesar de esto, la concienciación y difusión del problema, a través de charlas, campañas, escritos o vídeos, sigue siendo un paso fundamental. Seguido a esto, es importante tomar la problematica desde el punto de vista legal y politico a través de la criminalización de la misma, con el objetivo de crear leyes en contra de la MGF y urgiendo a la población y a los politicos a imponer los mecanismos que hagan cumplir esas leyes.
Dado el alto grado de “medicalización” del procedimiento, es crucial involucrar a los equipos médicos en estas campañas, promoviendo la prevención y evitando que participen en la práctica. Siendo también, su papel, clave para concienciar a la población.
Como la MGF está profundamente ligada a ideologías tradicionales y sociales, la participación de líderes tradicionales y religiosos es igualmente vital. Su influencia dentro de las comunidades puede orientar creencias, prácticas y normas, y contribuir a deslegitimar la MGF.
Finalmente, es importante destacar el trabajo de las organizaciones de supervivientes, ONGs y organismos internacionales que luchan por la eliminación de la MGF y brindan apoyo a quienes la han sufrido.
Cada vez vemos cómo se suman más voces en contra de esta práctica, tanto de personas individuales como de gobiernos, organizaciones y ONGs. Aunque se intente argumentar que la mutilación genital femenina es una práctica ancestral destinada a mantener vivas ciertas tradiciones socioculturales o religiosas, lo cierto es que vulnera gravemente los derechos de las niñas. Atenta contra el principio de igualdad y no discriminación por razón de género, y también contra su derecho a la libertad y a no ser sometidas a ningún tipo de tortura. Viola, además, sus derechos reproductivos, su salud sexual y su integridad física, como ya mencionamos.
Y debido al alcance global que tiene esta práctica, no podemos hacer otra cosa que seguir abogando en su contra y apoyar las diversas iniciativas que existen para lograr su eliminación total.
Un texto de Favour Ekaezunim