
Un acto administrativo del 26 de marzo de 2026 completa lo que los tribunales comenzaron en 2019. La historia precolonial del continente africano desmonta el argumento de que la homofobia es parte de la cultura africana: fue, como el colonialismo mismo, una importación.
En marzo de 2026, mediante un instrumento estatutario conocido como la Orden de Rectificación de Leyes (Código Penal), el gobierno de Botsuana eliminó formalmente las disposiciones coloniales de la Sección 164 del Código Penal que criminalizaban las relaciones consensuales entre personas del mismo género. Los párrafos (a) y (c) de esa sección, que penalizaban con hasta siete años de prisión a quien mantuviera relaciones sexuales "contra el orden de la naturaleza", han desaparecido del texto legal.
Pero el camino hasta aquí ha sidolargo y tortuoso. En 2018, un ciudadano identificado como 'LM' desafió la constitucionalidad de esas secciones del Código Penal, argumentando que violaban sus derechos a la libertad, a la igualdad ante la ley y a vivir libre de tratos degradantes. El Tribunal Superior le dio la razón en junio de 2019, con el juez Michael Leburu declarando que "la dignidad humana sufre cuando los grupos minoritarios son marginados." En 2021, el Tribunal de Apelación ratificó la decisión. El acto de marzo de 2026 lo convierte, por fin, en texto legislativo explícito.
Este paso coloca a Botsuana junto a Sudáfrica como una de las naciones más progresistas de África en materia de derechos LGBTIQ+.
El grupo de defensa LEGABIBO (Lesbians, Gays and Bisexuals of Botswana) celebró el cambio señalando que esas disposiciones afectaron durante décadas el acceso de muchas personas a la atención sanitaria, a la seguridad, al empleo y a la libertad de amar y existir abiertamente.
Hay un argumento que circula mucho entre líderes políticos y religiosos de varios países africanos: que la homosexualidad es una importación occidental, algo ajeno a la tradición del continente. La historia lo desmonta con evidencia concreta y abundante.
Con anterioridad a la colonización, la sociedad tswana, el grupo étnico mayoritario de Botsuana, reconocía que muchos hombres mantenían relaciones con otros hombres además de tener esposas, conviviendo la homosexualidad con la heterosexualidad. Los jefes tradicionales dikgosi sostienen que la homosexualidad siempre existió en la sociedad tswana y que esas personas merecían respeto. Esa apertura desapareció cuando Botsuana, entonces conocida como el Protectorado de Bechuanalandia, se convirtió en protectorado británico en el siglo XIX y comenzó a aplicar las leyes y políticas sociales de la era victoriana.
Las potencias coloniales impusieron rígidas normas de género y leyes que penalizaban la homosexualidad en toda África. Esas leyes, basadas en doctrinas cristianas europeas, resultaban ajenas a las prácticas diversas y fluidas que llevaban siglos existiendo antes de la colonización.
Los ejemplos históricos son fascinantes y conviene conocerlos:
Los Chibados de Angola. Cuando los misioneros portugueses llegaron a Luanda en el siglo XVII, encontraron a los Chibadi: trabajadores espirituales cuyo poder provenía de su capacidad para encarnar fuerzas tanto masculinas como femeninas. En la cosmología bantú, la curación exigía equilibrio entre lo visible y lo invisible, y el Chibadi habitaba ese umbral. Su adorno era devoción, identidad espiritual y social reconocida por la comunidad.
El rey Mwanga II de Buganda (Uganda). Cuando Mwanga II llegó al poder en 1884, mantuvo relaciones tanto con parejas masculinas como femeninas. Los misioneros cristianos atacaron esa apertura y denunciaron su corte como pecaminosa para justificar el control imperial. En 1890, la Compañía Británica de África Oriental estableció un protectorado; dos años más tarde, los "delitos antinaturales" aparecieron en la ley colonial. Una sociedad que reconocía múltiples géneros quedó forzada al silencio bajo una moral importada.
Los mudoko dako de los Langi (Uganda). Durante la época precolonial, los mudoko dako hombres de carácter femenino entre los Langi del norte de Uganda eran tratados como mujeres y podían casarse con hombres.
Las pinturas rupestres del pueblo San (Zimbabue). Las antiguas pinturas de las cuevas del pueblo San, cerca de Guruve en Zimbabue, representan a dos hombres en alguna forma de sexo ritual, evidencia de que estas prácticas formaban parte de la vida espiritual y cotidiana desde tiempos remotos.
Las antiguas leyes coloniales que penalizaban la actividad sexual entre personas del mismo sexo y la variación de género permanecieron intactas tras la independencia de los países africanos. La homosexualidad estaba presente y se celebraba con regularidad en el África precolonial, pero esas historias fueron difamadas y enterradas. En el siglo XXI, la influencia de grupos religiosos occidentales ha intensificado la homofobia de Estado en África, replicando la colonización inicial a través de los misioneros cristianos.
El resultado es una paradoja de dimensiones históricas: países africanos que criminalizan hoy las relaciones entre personas del mismo sexo en nombre de la "cultura africana", empleando leyes que trajeron los colonizadores europeos para borrar precisamente esa cultura.
Antes de la colonización, muchas culturas africanas tenían asumido un espectro de géneros mucho más amplio que el binarismo hombre-mujer. Una persona actualmente leída como trans, que en muchas sociedades contemporáneas sigue sufriendo prejuicios, en esas sociedades históricas habría sido vista simplemente como una más, sin la necesidad de ajustarse a una etiqueta rígida.
Y mientras Botsuana avanza, otros países retroceden: Burkina Faso se convirtió en el último país africano en criminalizar las relaciones entre personas del mismo sexo en 2025, y Mali adoptó un nuevo código penal en 2024 que criminaliza la homosexualidad sin que ninguno de los dos países tuviera leyes previas contra la actividad consensual entre adultos. El Parlamento de Senegal aprobó en marzo de 2026 una legislación que duplica la pena máxima por relaciones entre personas del mismo sexo hasta los diez años.
Eliminar la ley colonial del texto del Código Penal constituye una redefinición de lo que el sistema reconoce como permisible. Una ley da forma al comportamiento social incluso cuando permanece inactiva: su existencia continúa señalando legitimidad a quienes puedan utilizarla socialmente, políticamente o institucionalmente.
Recuperar la memoria precolonial es también una forma de soberanía. Botsuana, esta primavera de 2026, eliminó del papel lo que el colonialismo escribió. Lo que vino antes, la fluidez, el reconocimiento, la dignidad, siempre estuvo ahí, esperando ser recordado.
Un texto de Quinndy Akeju
Fuentes: Mmegi Online, Washington Blade, 76crimes, PinkNews, MambaOnline, Culture Custodian, Decolonial City Tour, Sentidog, Heinrich Böll Stiftung.