
Diez selecciones, un récord histórico, comentaristas que siguen subestimando y un país anfitrión que ha tratado a sus aficionados como sospechosos antes de que empiece un partido.
Empecemos por lo importante. A nivel de representación, por primera vez en toda la historia de las Copas del Mundo, África alcanza su máxima representación. Diez selecciones Marruecos, Senegal, Egipto, Argelia, Túnez, Costa de Marfil, Cabo Verde, Sudáfrica, Ghana y República Democrática del Congo compiten en el Mundial 2026.
Para ponerlo en contexto, hasta la edición anterior, el continente africano contaba con cinco plazas. Ahora, con la expansión del torneo a 48 equipos, África duplicó su presencia. Cabo Verde, un archipiélago de apenas medio millón de habitantes, clasificó por primera vez en su historia tras una campaña casi perfecta. La República Democrática del Congo se metió de forma electrizante, con gol en la prórroga, venciendo a Jamaica en el repechaje. Y Marruecos llega tras su histórica semifinal en Catar 2022.
Túnez, además, cerró su fase de clasificación con la portería intacta durante diez partidos completos, un dato que solo igualó Costa de Marfil. Argelia suma su quinta participación. Ghana, las "Estrellas Negras", apodo que rinde homenaje a un símbolo de libertad para todo el continente, llega a su quinta cita mundialista. Y Sudáfrica tuvo el honor de abrir el torneo, el 11 de junio, ante México, uno de los países anfitriones.
Esto es un continente entero demostrando, con datos y resultados, que la representación masiva en el fútbol mundial solo esperaba una cosa, más oportunidades.
El racismo en las gradas y en los meidios viene de lejos, pero lo ocurrido con la política migratoria estadounidense de cara a este Mundial añade una capa nueva y mucho más grave.
Bajo la administración de Donald Trump, varios países africanos clasificados (Senegal, Costa de Marfil, Argelia, Cabo Verde y Túnez) estuvieron sometidos durante meses a la exigencia de un bono migratorio de entre 5.000 y 15.000 dólares para que sus ciudadanos pudieran tramitar visados de turista, una suma que solo se devolvía si la persona respetaba los términos del visado. El Departamento de Estado terminó eliminando ese requisito para quienes compraron entradas oficiales y se inscribieron en el sistema FIFA Pass, aunque la desconfianza ya se había instalado entre miles de aficionados, muchos de los cuales optaron por quedarse en casa.
El resultado resulta devastador en términos humanos. Costa de Marfil y Senegal disputan este Mundial enfrentando, por primera vez en su historia, la ausencia total de delegaciones oficiales de aficionados desde sus países de origen. El presidente del comité de seguidores de Costa de Marfil lo expresó con total franqueza, el gobierno estadounidense les dejó claro que prefería ver vacías esas gradas antes que llenas de banderas marfileñas. Senegal, por su parte, tuvo que recurrir a su diáspora ya residente en Estados Unidos para repartir entradas, mientras sus propios funcionarios deportivos veían rechazados sus visados.
Omar Abdulkadir Artan, nombrado mejor árbitro africano por la CAF en 2025, viajaba con pasaporte diplomático y, aun así, recibió la negativa de entrada al país por su nacionalidad somalí. La selección de Sudáfrica llegó con retraso porque parte de su delegación recibió los visados a última hora. Análisis de datos de viaje revelan que más de una cuarta parte de los países participantes en este Mundial enfrentan algún tipo de prohibición o traba significativa para obtener permisos de entrada, mientras que el programa de exención de visado del que se benefician 42 naciones, en su mayoría ricas y de mayoría blanca, deja fuera a la totalidad de los países africanos.
El presidente de la asociación de aficionados marfileños lo resumió con una frase que duele por lo precisa que resulta, esto representa una forma de segregación que prefiere quedar sin nombre oficial, aunque las pruebas hablan por sí solas.
Aquí está la paradoja brutal de este Mundial. El continente africano vive su momento de mayor representación deportiva en la historia del torneo, con selecciones que han demostrado un nivel competitivo altísimo durante toda la fase de clasificación. Y, al mismo tiempo, ese logro colectivo se desarrolla bajo la sombra de comentaristas que siguen tratando el talento africano como sorpresa en lugar de mérito, y de un país anfitrión cuyas políticas migratorias han impedido, de forma desproporcionada, que las familias y comunidades de esos mismos futbolistas puedan estar presentes para verlos jugar.
Resulta revelador que los países más afectados por las restricciones de visado coincidan, en buena parte, con naciones africanas y de mayoría musulmana, mientras las delegaciones europeas atraviesan el proceso con total fluidez. Se llama racismo, y se llama islamofobia.
A pesar de todo, África sigue brillando y demostrando su inmenso talento en el campo, las aficiones siguen celebrando de una manera única, con orgullo de pertenecer a un continente inigualable.
Un texto de Quinndy