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4/20 desde África: Ghana abre la era del cannabis legal y reabre el debate sobre la guerra racista “contra las drogas”

El 4/20 es, según la mitología popular, la hora y el día en que un grupo de estudiantes de California se reunían en los años setenta a fumar marihuana. Hoy es un símbolo de resistencia cultural, un grito de despenalización y, cada vez más, una fecha con significado político. Este año, la celebración llega con una noticia que viene del continente africano y que merece más atención de la que ha recibido.

El Gobierno de Ghana, a través del Ministerio del Interior y la Comisión de Control de Estupefacientes (NACOC), lanzó oficialmente el Programa Regulatorio de Cannabis Medicinal el pasado febrero, describiéndolo como un paso histórico hacia el control responsable de las drogas, la protección de la salud pública y la transformación económica.

El programa se basa en la Ley de Enmienda de la Comisión de Control de Narcóticos de 2023 y en el Reglamento de Cultivo y Gestión del Cannabis de ese mismo año, que juntos establecen el marco legal para el cultivo controlado de cannabis de bajo contenido en THC con fines industriales y medicinales.

Las licencias están limitadas a ciudadanos o residentes permanentes de Ghana mayores de 18 años, y las empresas solicitantes deben mantener una mayoría de capital ghanes, incluyendo al menos un 50% de propiedad local y una mayoría de directores ghaneses. Además, Ghana quiere que los beneficios económicos de esta planta queden en manos ghanesas. 

El ministro subrayó el potencial económico del sector, señalando que la industria legal de cannabis de Canadá generó cientos de millones de dólares canadienses en el ejercicio 2022–2023, superando los ingresos combinados de la cerveza, el vino y el tabaco. 

Celebrar el 4/20 sin hablar de racismo es como hablar del colonialismo sin mencionar Europa. La prohibición del cannabis no nació de la ciencia de la salud, como se hace creer popularmente. John Erlichman, uno de los principales asesores del presidente Nixon, reveló años después la motivación real detrás de la Guerra contra las Drogas: "consiguiendo que el público asociara a los hippies blancos con la marihuana y a las personas negras con la heroína, y luego criminalizando fuertemente a ambos, podíamos desorganizar a esas comunidades. Podíamos arrestar a sus líderes, allanar sus casas, disolver sus reuniones y vilipendiarlos noche tras noche en las noticias”. 

En nombre de la lucha contra las drogas, se militarizaron los territorios en los que había una mayoría de personas negras, se expandieron los aparatos policiales y se justificó la intervención estadounidense en Abya Yala. México y Colombia son ejemplos paradigmáticos de sus consecuencias: masacres, persecución y millones de personas presas. 

Las personas racializadas son criminalizadas de forma diferenciada por el sistema de justicia racista, aun cuando tienen una cantidad proporcionalmente similar de consumidores y distribuidores de drogas. El ejemplo más claro es la disparidad de sentencias entre cocaína en polvo, asociada a poblaciones blancas y castigada levemente, y crack, asociado a comunidades racializadas y penalizado con una severidad cien veces mayor.

La legalización representa un avance, y al mismo tiempo exige ir más lejos para deshacer décadas de daño acumulado. Desde la legalización de la marihuana en Colorado, las comunidades racializadas y del Sur Global, las más castigadas por la Guerra contra las Drogas, han quedado al margen de la creación de riqueza en esta industria. Las políticas represivas de drogas han armado al Estado contra las comunidades del Sur, y fueron diseñadas precisamente con ese fin. Los vestigios del colonialismo y el racismo permanecen integrados en el sistema de control de drogas hasta el día de hoy. 

Por eso, lo que hace Ghana resulta relevante tanto como noticia económica como gesto político: un país africano que recupera el control de una planta que crece en su tierra desde hace generaciones, que sus comunidades rurales cultivaron históricamente en la clandestinidad, y que ahora convierte en riqueza propia, con marcos legales que priorizan la propiedad local .

Las comunidades negras, indígenas y racializadas de todo el mundo cargaron , y siguen cargando, con el peso de una política orientada al control social, construida sobre el racismo estructural por ello.

Para mi Ghana este 4/20, pregunta: ¿puede la despenalización convertirse en justicia real? La respuesta dependerá de si los marcos legales que se construyan a partir de ahora reparan el daño histórico o simplemente abren un mercado nuevo para los de siempre.

Un texto de Quinndy Akeju

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